Balankanché: El Retorno de los Dioses

Balankanche, El Retorno de los Dioses

por Carlos Augusto Evia Cervantes

Publicado en el Suplemento Cultural y Científico Unicornio del Diario Por Esto! Año 18 Nº 962. Publicado el 11 de octubre de 2009. Pp. 1-2.

En homenaje a don José Humberto Gómez Rodríguez, al cumplirse el 7 de septiembre próximo pasado, los 50 años del descubrimiento que hizo en la gruta Balankanche. Su hallazgo dio a la ciencia arqueológica la oportunidad de enriquecer el conocimiento de nuestros antepasados. Don José Humberto ha sido también un gran maestro de los guías de turistas y estudioso incansable de la cultura maya. Durante décadas ha prestado sus servicios a turistas y visitantes distinguidos. De esta forma ha promocionado el patrimonio cultural de Yucatán en otras partes del mundo con una genuina humildad, la que se da en los verdaderamente grandes hombres.

Balankanche, junto con Loltún, son las únicas grutas que protege el gobierno federal, a través del Instituto de Antropología e Historia. El Cenote Sagrado de Chichén Itzá, el Xlakaj de Dzibilchaltún y la cueva de Mayapán también están bajo la jurisdicción del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), dada la circunstancia de que se encuentran en los sitios arqueológicos ya mencionados. Un gran número de grutas del estado de Yucatán y de todo México no tienen protección oficial, ni de alguna otra forma, pese a los vestigios arqueológicos que en ellas se encuentran.

La ubicación de la mayoría de las cuevas es conocida por los campesinos de las zonas rurales. Cuando ellos se las muestran a los antropólogos o espeleólogos y éstos la dan a conocer, a través de diversos medios de comunicación, se produce entonces “el descubrimiento” de tal o cual cueva o cenote. Lo interesante de esta situación es que, cuando es revelado el hallazgo, la cavidad descubierta ya tiene nombre en lengua indígena, incluso. Por el contrario, se dan casos de auténticos descubrimientos, como el que ahora voy a relatar.

El descubrimiento de las bóvedas sagradas

El 9 de septiembre de 1959, el guía de turistas de Yucatán, José Humberto Gómez Rodríguez descubrió una sección oculta de la cueva de Balankanche, en el municipio de Tinún. El hecho produjo de inmediato la visita de los arqueólogos, específicamente Willys Andrews IV. En los resultados de la investigación se destacó la abundante presencia de objetos presuntamente de uso ritual. Se encontraron incensarios, metates y objetos en miniatura; incluso un fragmento de madera al parecer era parte de un instrumento musical llamado tunkul. Entre las vasijas había algunas con la con la imagen de Tlaloc.

Vale la pena señalar que los primeros 350 metros la cueva ya eran conocidos por los habitantes de la región desde hacía mucho tiempo. Desde que era muy joven, el señor Gómez la recorría alumbrando el camino con la luz de las velas, como lo hacían todos los que entraban en ella. Ese día, después de terminar su turno de trabajo, fue a explorar la cueva, una vez más. Ese día caló una pared que ocultaba un pasaje pequeño y descubrió una gran sección que hasta ese momento estaba oculta. Él vio por primera vez los múltiples objetos arqueológicos que posteriormente analizaría Andrews (Diario de Yucatán; 25/03/2003).

En los días posteriores al hallazgo, se presentó un grupo de habitantes de las comunidades cercanas que exigían ver lo que se había descubierto y una vez conocido, los descendientes de los mayas dijeron que era necesario de hacer un ritual de desagravio por haberse profanado la gruta (Gómez; s/f: 5). Pero el agravio a Balankanche no fue sólo por el descubrimiento, sino porque se había permitido la presencia de dos mujeres, las esposas de George Stuart y la de Andrews y llevar mujeres al interior la gruta era una violación a las costumbres. Entre todos los involucrados acordaron la fecha y la hora para efectuar la ceremonia, que duró veinte horas. Se utilizaron 13 gallinas, 13 velas negras hechas de cera de abejas salvajes, hojas de tabaco, botellas de fuerte aguardiente, brotes de ajo, pimienta negra, semillas de comino y maíz. Todo el ritual fue registrado audiovisualmente (Roberts; 2004: 75).

Dada la magnitud del descubrimiento, se apersonaron al sitio don Fernando Cámara Barbachano Gómez Rul, propietario del área donde se encuentra la caverna, y don Agustín Franco Aguilar, gobernador del Estado de Yucatán en esos tiempos. La gruta fue resguardada por elementos del ejército y el sabio yucateco Alfredo Barrera Vázquez intervino para facilitar las condiciones en las que se habría de realizar el ritual de desagravio (Góngora; 2009:16).

Las partes relevantes

En la entrada hay una especie de muros grandes que pudo haber tenido alguna función importante ya sea de tipo defensivo o para contener el deslave que produce en las épocas de lluvia. También puede ser que estas paredes hayan sido construidas para prevenir algún colapso del techo de la bóveda inicial (Gómez; s/f: 1). Finalmente, creo es posible que tales construcciones hayan tenido las tres funciones simultáneamente pues, analizando bien, no se excluyen entre sí.

Uno de los rasgos más señalados por investigadores y que le da el nombre a la cavidad es la existencia de una bóveda denominada “El trono del Balam” especie de altar donde se supone se realizaban las ceremonias. La bóveda en sí, es una cámara semiesférica con una altura de siete metros y en el centro hay una columna natural, semejante al tronco de árbol. Por analogía, se consideró que representaba a la Ceiba Sagrada, presente en este caso en el interior de la tierra. En la misma sala de la columna se encontraron 29 incensarios, metates y platos en miniatura, así como ofrendas de joyería y cerámica (Bonor; 1989: 107-109).

Al final de la ruta turística hay un cuerpo de agua, de 200 metros de largo. Su amplitud es variable, empieza con unos 6 metros y va disminuyendo hasta llegar a medir solamente 2. En cuanto a la profundidad, se estimó que varía de 50 a 160 centímetros. De acuerdo con los planos analizados, en esta caverna hay otros cenotes similares al anteriormente descrito. Sin embargo, sólo en este cenote se encontró, en un sitio cercano a su inicio, decenas de metates en miniatura y pequeñas vasijas que parecen de juguete (Gómez; s/f, 2).

En la última visita que hice a esta caverna, me tocó de guía el señor Marco Antonio López Tun, quien me fue mostrando algunos espeleotemas que se han encontrado. Entre los principales están “la cabeza de la serpiente”, “la silla de montar”, “la botella rota”, “el cebú acostado” y “el Greenwich maya”. Durante el periplo subterráneo pude constatar que se mantienen ciertas condiciones nocivas en cuanto al manejo y conservación de los vestigios arqueológicos.

Los problemas de la cueva

La cavidad se encuentra a sólo 4 kilómetros de Chichén Itzá y esta circunstancia ha favorecido a la difusión de su existencia. Al concluirse los estudios arqueológicos, la gruta se abrió al turismo y su afluencia puede considerarse intensa. El recorrido accesible para los visitantes es de un kilómetro de largo y se realiza sobre un andador de concreto. Esta construcción moderna es relativamente adecuada en unos tramos y desproporcionada en otros. Mientras el visitante avanza hacia el interior de la cavidad, el guía enciende las luminarias para que el turista disfrute la belleza natural y la riqueza cultural de Balankanche. Es en este punto donde empieza lo preocupante para quienes estudian el uso turístico de las cuevas. Al no existir parámetros fundamentados sobre cuanta infraestructura debe instalarse en una cueva de acuerdo a sus propias características, en mejor no realizar instalaciones de ningún tipo. Cuando por extrema necesidad haya que colocar algún artificio ajeno a la naturaleza de la cueva esto deberá hacerse en forma mínima y bajo supervisión de un especialista. Veamos la opinión de un experto en cuanto a lo que sucede en Balankanche: “El deterioro normal de los vestigios arqueológicos producido por el tiempo, se acelera por el efecto de las luces de tunsteno que se emplean en los recintos de exhibición”, declaró Cuauhtémoc Garcés Fierros, coordinador de la sección de restauración del INAH, delegación en Yucatán. Agregó que hace falta desarrollar una tecnología de luminarias que produzca efectos mínimos y la infraestructura para conservar estas piezas prehispánicas, según la prensa local (Diario de Yucatán 8/10/1997).

Por efecto de la luz, se han formado cerca de las luminarias o focos, manchas verdosas constituidas por vegetales. Este fenómeno no sólo afecta a las paredes de la cueva sino también a muchas piezas arqueológicas allí expuestas.

El complemento exterior

A pesar de toda la historia y vastos conocimientos que se obtuvieron de la cueva no hay una publicación respetable que el visitante pueda conseguir en el sitio. Además, no se captan recursos monetarios que podrían generarse adicionalmente al venderse una información completa sobre esta gran cueva. Al salir de ella, con suerte, el mismo guía le obsequiará un folleto que contiene un texto mucho más limitado que este artículo; eso sí, en tres idiomas, acerca de la gruta.

Le antecede a la entrada de la cueva, un parador turístico que consta de un pequeño museo en el que se ofrecen los datos generales de la caverna y la historia de los grupos humanos que la habitaron así como la función religiosa que desempeñó la cavidad en la cultura maya de la región. Este parador, a su vez, está rodeado por un agradable jardín botánico.

No puede dejar de reconocerse que las instituciones del gobierno federal, a través del INAH, y estatal, por medio del Patronato CULTUR, han tratado de hacer de Balankanche un punto turístico de calidad. Sin embargo, la idea de proporcionar la mayor comodidad y un poco de espectáculo a los visitantes, aumenta la tendencia a introducir tecnología e infraestructura inapropiadas que resta originalidad a la cueva y daña los vestigios arqueológicos que forman parte del patrimonio cultural. Resulta paradójico que el tratamiento negligente provenga de las mismas instituciones encargadas de proteger dicho patrimonio. De 2006 a la fecha ha habido cambios de personas en los cargos claves de las citadas dependencias y ojalá esto contribuya a mejorar las políticas de manejo y conservación de las cuevas y cenotes, especialmente la de Balankanche.

Reflexiones finales

Casi mil años antes del presente, los mayas del lugar, habían llevado a cabo complejos rituales en este sitio, hoy día secreto. De esta manera, se ratifica la función de la cueva como el aposento simbólico del inframundo, que no sólo es el mundo de los muertos, sino también un lugar de culto a los dioses locales y, en este caso, a otro lejano, como Tlaloc (Roberts: 2004: 74).

Las circunstancias en las que se produce el descubrimiento de esta sección de Balankanche, deja ver que el sitio fue abandonado y deliberadamente ocultado. Algún hecho de gran importancia tuvo que haber acontecido para que se tomara esta decisión y no hubo razón posterior para volver a abrir el acceso a las bóvedas sagradas. Pero, la otra parte de la cueva, al parecer, siempre estuvo disponible a la gente de todas las épocas.

El descubrimiento de 1959 produjo un retorno de los mayas a su antiguo lugar de culto. Las plegarias a los dioses volvieron a escucharse en el escenario original. Quizá nunca podamos ver las diferencias entre los antiguos y los modernos rituales, pero las evidencias encontradas permiten inferir una similitud en la concepción cosmogónica de los antiguos mayas y de los modernos.

Los pueblos mayas de hoy, a pesar de haber sido despojados de sus lugares sagrados y formas de vida antiguas, luchan por sobrevivir en un contexto sumamente adverso. El proceso es irreversible, pero los mayas no se rinden ni pierden la esperanza de encontrar una vía de desarrollo que posibilite la preservación de su cultura. Debe existir una manera de convivir en la modernidad de forma tal que no sea necesaria la renuncia al pasado ni la reclusión de lo sagrado.

Bibliografía

Anónimo. 1997 “Serio deterioro de 30 piezas arqueológicas de Balancanché”. En Diario de Yucatán 8 de septiembre de 1997.

Anónimo. 2003 “Las aventuras de un guía de turistas”. En Diario de Yucatán. Sección Local. 25 de marzo de 2003. P.6.

Bonor Villarejo, Juan Luis. 1989 Las cuevas maya: simbolismo y ritual. Madrid. Universidad Complutense de Madrid. 107-109.

Gómez Rodríguez, José Humberto

s/f La gruta de Balancanché. Inédito.

Góngora Paz, Pedro. 2009 “Balamkanché”. En Diario Por Esto! 14 de agosto de 2009. Mérida. Pp. 16-19.

Roberts, David. 2004 “Los mayas y su descenso al inframundo” En National Geographic. Vol. 15, N° 5. Noviembre 2004. Pp. 68–85.

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